Llega la cuenta. Alguien la coge, la mira y dice el número. Y entonces empieza el momento raro: el que no ha bebido mira al que pidió la segunda botella, el que ha cenado ensalada calcula por lo bajo, y alguien acaba diciendo "da igual, pago yo" con una sonrisa que no es una sonrisa.
Esto no va de dinero. Doce euros arriba o abajo no le cambian el mes a nadie. Va de la sensación de estar pagando lo de otro.
Las cuatro formas de repartir
A partes iguales
Total entre número de comensales. Rápido y sin discusión.
Va bien cuando habéis pedido para compartir y todos habéis comido y bebido parecido.
Va mal en cuanto hay alguien que no bebe alcohol. El vino es lo que más descuadra una cuenta: dos botellas pueden ser un tercio del total, y repartirlas entre quien no ha probado una gota es lo que genera el resquemor.
Cada uno lo suyo
Cada cual paga lo que pidió.
Va bien con grupos grandes, cuando cada uno ha pedido su plato y no hay mucho que compartir.
Va mal cuando os habéis pasado media cena picando de todo. Ahí reconstruir quién comió qué es peor que el problema que resuelve.
Iguales con excepciones
Se reparte a partes iguales, pero se sacan antes las cosas que solo consumieron algunos. Las bebidas fuera, la comida a partes iguales.
Es el que mejor funciona en la mayoría de cenas. Cuesta un minuto de cálculo y elimina la queja más habitual.
Rotar
Hoy pago yo, la próxima pagas tú.
Va bien con dos o tres personas que quedáis a menudo. Ahorra la conversación cada vez.
Va mal con grupos grandes o que quedan poco: alguien acaba adelantando mucho más de lo que le toca y pasan meses hasta que se equilibra. Si el grupo no se ve al menos una vez al mes, no lo uséis.
Lo que de verdad evita el momento incómodo
No es la fórmula. Es decirlo antes de pedir.
Una frase al sentarse: "¿lo partimos a partes iguales o cada uno lo suyo?". Tarda tres segundos y cambia toda la cena, porque cada uno pide sabiendo las reglas.
Si lo dices al final, ya es tarde: quien pidió el plato caro lo pidió creyendo que pagaba él, y quien pidió ensalada la pidió creyendo que ahorraba. Cualquier reparto va a dejar a alguien torcido.
Cosas pequeñas que ayudan
- Que pague uno y os pase el importe. Dividir la cuenta en la tarjeta del restaurante es lento y a veces ni lo hacen. Uno paga y luego pasa la cifra por Bizum.
- Redondea hacia arriba, nunca hacia abajo. Si sale a 23,40 pide 24. Nadie protesta por sesenta céntimos y quien pagó no se come el descuadre.
- La propina, aparte y decidida antes. Discutir la propina después de repartir es empezar la negociación otra vez.
- Si invitas, dilo al principio. Anunciarlo cuando llega la cuenta pone al resto en el compromiso de insistir. Dilo al reservar y ya está.
Cuando el precio se sabe de antemano
Casi todo esto desaparece si sabéis lo que cuesta antes de sentaros.
Es la razón por la que en Gooubi las ofertas de los restaurantes vienen con precio por persona y con lo que incluye. Cuando el plan ya dice "menú a 22 € con bebida", no hay cuenta que repartir: cada uno sabe lo que va a pagar desde que vota el sitio.
Y si no, quédate con lo de arriba: decidid cómo pagáis antes de pedir. Es lo único que hay que hacer bien.